La capucha

La capucha

Me subieron a un carro y me hicieron mantener la capucha negra puesta. El recorrido duró una media hora. Traté de contar las veces que el carro giraba y en que dirección iba pero perdí la cuenta cuando entramos a un parqueo subterráneo a dar vueltas. Sé que entramos a un parqueo porque escuché la misma rejilla metálica cuando entramos y cuando salimos. Intuí que lo hicieron por que querían desorientarme, si quisieran despistar a alguien hubieran cambiado de carro.

Me bajaron del carro en un lugar vacío y amplio. El eco de mis pasos y la falta de sonidos de afuera me decía que era un lugar cerrado con techos altos, algo como una iglesia. Me sentaron en un asiento metálico. El sonido de una barra descendiendo enfrente a mí me indicaba que era una silla de un juego de feria. No estaba seguro de lo que iba a pasar después hasta encendieron unas luces y su incandescencia enfocada hacia mí me indicó que estaba apunto de ser interrogado.

—Puede quitarse la capucha—. Me dijo una voz electrónicamente ronca.

La luz me cegó sin necesidad de que abriera los ojos. Traté de cubrirme la cara con mis manos pero aun así la intensidad molestaba mis ojos. Por un momento me pareció oír el crujir de mi pupilas mientras se ajustaban a la intensa luz.

—Vamos a obviar las preguntas iniciales porque ya sabemos quien es usted. Lo que queremos saber es qué hacía usted en el parque y qué sabe usted del libro.

Asumí que de alguna forma tomaron mis huellas y la corrieron en la base de datos nacional. Decidí empezar a jalar del hilo para saber que tanta información sabían en realidad de mí y les respondí. —Bueno si saben ya quien soy. Sabrán que trabajo cerca del parque y lo frecuento a menudo.

—Dice aquí que usted es un vendedor de pintura. Pero no hay ninguna tienda de venta de pinturas cerca del parque.

Bueno, ahora sé que ellos encontraron mi trabajo de encubierto pero sabrán en realidad quién soy. —Pues no es una tienda abierta al público. Yo me encargo de vender pintura por barril. La mayoría de mis clientes son internacionales. Del libro, se refiere usted al libro que encontré en la banca. El libro que empezó todo esto. Pues fue escrito por Oscar Mento. Él es conocido por escribir libros de superac…

—Déjese de babosadas—. Interrumpió la voz. —La manera que usted estaba viendo el libro nos dice que vio el mensaje cifrado.

—La pregunta que usted me hizo era sobre el libro no sobre el mensaje cifrado.

—No se pase de listo. ¿Qué fue lo que leyó del mensaje?

¿Sabrán estos señores qué todavía tengo el libro conmigo? —Lo que alcancé a leer fue …adioactivasucia.

—¿Y qué significa eso?— Volvió a interrumpir el entrevistador.

—No sé. Quizá tenga que ver con radio actividad y lo de sucia no tengo idea. ¿Y quiénes son ustedes, los buenos o los malos?

La pregunta quedo sin contestar. Escuché una tres pares de zapatos alejarse del área donde me interrogaban. Y un momento después el señor que me rescató apareció por uno de los lados de las lámparas. Solo porque hizo una sombra vi que me volvía a entregar la capucha negra. —¿Vamos a dar otra vuelta?— Estos tipos parecen novatos. Si me hubieran registrado hubieran notado que aun tengo el libro.

Continuará


Sobre «La capucha»

La segunda parte del thriller. En la primera el protagonista encuentra un libro que contiene un mensaje oculto y se percata que lo observan. Un señor lo ayuda a escapar colocándole una capucha negra para traerlo al inicio de esta historia.

Lea la primera parte, las esquinas en este link.

Pasen a leer las otras entradas del thriller. El orden es la esquina, la capucha, el parqueo y el protagonista…

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Sobre la serie «Historias sin futuro»

Para marzo del 2018 les traigo la serie «Historias sin futuro». Una colección de narraciones cortas que describen a personas o situaciones. Estas narraciones las empecé a escribir con la intención de practicar, de ejercitar los músculos creativos y generar un proceso con la esperanza de que se convierta en hábito. Les agradezco su visita y como lo he hice con los post de enero y febrero voy a recopilarlos en un chapbook para que ustedes puedan descargar.

Si quieres descargar Hojarasca, el chapbook de Febrero pincha aquí.

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Las esquinas

Las esquinas

Encontré el libro en la banca de parque. Era uno de esos libros digestibles, que se tragan en una sentada y que pretenden hacerte sentir bien al terminar de leerlos. Al ojear el libro me di cuenta que tenía las esquinas superiores dobladas, como cuando alguien lo hace para marcar por donde iba en la lectura. Los intervalos entre cada marca eran cortos a veces tres páginas en otras seis, cosa que me pareció un poco extraño para este tipo de libro.

Levanté la cabeza de las páginas para ver si alguien pareciera haber dejado el libro abandonado pero nada. Lo que sí noté fue tres individuos me observaban intensamente y esto me puso un poco ansioso. Que un hombre me estuviera viendo me hubiera sentido alagado. Que dos hombres me estuvieran viendo hubiera pensado que era mi día de suerte, pero tres ya estaba cayendo en sospechoso.

Bajé la vista a las páginas para estudiarlo un poco más cuando noté que una letra «a» brillaba cuando le daba el sol. Brillaba como brilla el grafito sobre el papel. Alguien repasó la letra con un lápiz. Apenas y se notaba a simple vista. Volví a ojear el libro, esta vez buscando más marcas a lápiz y noté que había un patrón cada hoja marcada contenía una letra marcada. Por el grosor de libro y el número de páginas dobladas deduje que el mensaje oculto tendría unas diez a veinte palabras.

El breve segmento del mensaje que logré descifrar decía …adioactivasucia… Volví a levantar la vista y note que los tres individuos de antes se aproximaban pretendiendo ser disimulados. Allí fue cuando me di cuenta que el mensaje no era para que yo lo descifrará. Le noté una pistola desenfundada a uno de los señores que me observaba y decidí echar a correr.

Mientras corría pensé este mensaje tiene que ver con algo radioactivo y alguien quiere esparcirlo. Corría sin saber hacía donde ir. Corría solo para escapar de los señores. Tenía a un señor detrás mío y sentía que los otros dos cubrían los flancos. La única salida que me quedaba era atravesando el túnel peatonal que pasa por debajo de la autopista, conectando las dos mitades del parque.

Algo me decía que estaban esperándome del otro lado del túnel pero no tenía otra opción. Al entrar al túnel no pude ver bien, sentí como mis pupilas se retorcían para abrirse. Seguía corriendo en la oscuridad esperando que mis ojos se adaptaran al cambio de luz. Una masa solida me detuvo. Era un hombre casi dos veces mi tamaño. «Ven si quieres vivir» me dijo tomándome del bazo sin posibilidad a responder. Pasamos por una puerta de servicio la cual cerró con cuidad de no hacer ruido y le puso los pasadores.

Mis ojos se empezaban a ajustar a la oscuridad y empecé a notar nuestro camino. Con su dedo sobre mi boca el señor que me rescató me indicó que me mantuviera callado. Lo cual supuse que también indicaba que caminara en silencio. Estábamos casi a dos cuadras cuando escuchamos golpes metálicos hacer eco por todo el corredor de servicio en el que caminábamos. Antes de salir a la superficie mi rescatista me entregó una capucha sugiriendo que me tapará la cabeza.

Continuará


Sobre «Las esquinas»

Creo que «Las esquinas» es mi primer relato del género thriller. Aunque confieso que en este momento no tengo un final digno para la historia pero si tengo pensado dos partes más. No sé que va pasar.

Pasen a leer las otras entradas del thriller. El orden es la esquina, la capucha, el parqueo y el protagonista…

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Sobre la serie «Historias sin futuro»

Para marzo del 2018 les traigo la serie «Historias sin futuro». Una colección de narraciones cortas que describen a personas o situaciones. Estas narraciones las empecé a escribir con la intención de practicar, de ejercitar los músculos creativos y generar un proceso con la esperanza de que se convierta en hábito. Les agradezco su visita y como lo he hice con los post de enero y febrero voy a recopilarlos en un chapbook para que ustedes puedan descargar.

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