
Trabajo en equipo
Joana ya llevaba dos años trabajando en el cementerio cuando Miguel empezó a trabajar. Yo conversaba con ellos mientras trabajaban. A Miguel por ser el nuevo le tocaba hacer la mayor parte de la excavación. Según Joana esto era la norma del lugar. Empecé a platicar con ellos porque me interesaba aprender un poco más de la profesión de sepulturero. Una cosa que me pareció interesante fue cuando me dijeron: «este es un trabajo que obligatoriamente se tiene que hacer en equipo. No era sano psicológicamente y físicamente hacerlo solo porque los muertos podían regresar.»
«No de verdad como lo hacen los zombis o los fantasmas, sino como espectros imaginarios.» interrumpió Miguel.
«Uno se puede imaginar una mano saliendo de la tierra cuando en realidad es una raíz. Se necesitaba al compañero para regresarlo a un a la razón y convencerle de que lo que estaba viendo no es una mano, y que tan solo es una raíz.» continuó narrando Joana.
Según me contaba ella su compañero anterior, Ernesto, llevaba 20 años de sepulturero. «Él no creía en supersticiones decía y no miraba con buenos ojos la idea del trabajo en equipo. Una tarde, según cuentan visitantes que los vieron, lo vieron corriendo gritando idioteces. Él corría con una cara de pánico. Los visitantes no sabían que hacer en ese momento, estaban a punto de llamar a la policía pero todo regresó a la calma en un santiamén. Según la evidencia que encontró la policía, las huellas de Ernesto indicaban que corrió como un cometa dando varias vueltas alrededor de la tumba que estaba cavando. En una de estas orbitas sus huellas lo conducen directo a la tumba. Al parecer no se dio cuenta donde estaba y cayó en ella. Para complicar más el asunto, por poco y entierran a dos muertos en el mismo hoyo. El padre que presenció la sepultura fue el único que notó algo extraño. Él vio el zapato de Ernesto cuando bajaban del ataúd y no dijo nada hasta que el entierro terminó. Lo peor fue que me tocó a mi tener que sacar a los dos muertos del hoyo y regresar al recién enterrado a su sepultura solo porque Ernesto no creía en supersticiones».
Un día al caminar en la calle al lado del cementerio vi a dos sepultureros cavando un hoyo. Esta historia surge porque vi a uno haciendo el trabajo mientras el otro estaba apoyado sobre su pala. Claramente era un trabajo en equipo, tomando turnos para cavar, pero la imaginación sacó la historia por la tangente.
Sobre la serie «Historias sin futuro»
Para marzo del 2018 les traigo la serie «Historias sin futuro». Una colección de narraciones cortas que describen a personas o situaciones. Estas narraciones las empecé a escribir con la intención de practicar, de ejercitar los músculos creativos y generar un proceso con la esperanza de que se convierta en hábito. Les agradezco su visita y como lo he hice con los post de enero y febrero voy a recopilarlos en un chapbook para que ustedes puedan descargar.
Si quieres descargar Hojarasca, el chapbook de Febrero pincha aquí.
También te puede subscribir a mi boletín para que recibas los chapbooks en tu email.
